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Cuál es el secreto de México en los clavados

Cuál es el secreto de México en los clavados

Paola Espinosa, center, of Mexico, holds her gold medal as Roseline Filion, left, of Canada, holds her silver medal and Meaghan Benfeito, right, of Canada, holds her bronze medal after the finals of the women's 10-meter platform diving event at the Pan Am Games Saturday, July 11, 2015, in Toronto. (AP Photo/Mark Humphrey)

Toronto, 14 jul (dpa) – En La Quebrada de Acapulco, en el Pacífico mexicano, los clavadistas lugareños trepan por las rocas de un acantilado y se lanzan al mar en caída vertiginosa desde unos 35 metros después de encomendarse a la Virgen.

Durante décadas ha habido un idilio entre México y los saltos ornamentales, que le dieron cinco de los ocho oros posibles en los Juegos Panamericanos de Toronto y lo ratificaron como rey continental en las competencias de esta semana.

¿Cuál es el secreto? Continuidad generacional, experiencia de los entrenadores y osadía, resumen algunos de los medallistas olímpicos y mundiales de México que compitieron en Toronto.

“Creo que lo que tenemos nosotros los mexicanos es que no somos tan miedosos, que podemos hacer las cosas sin tener tanto miedo”, dijo a dpa Paola Espinosa, de 29 años, que se colgó en Toronto dos oros y un bronce. “Y es también por los entrenadores”.

Espinosa, que se entrena con la china Ma Jin, ganó plata olímpica en Londres 2012 y bronce en Pekín 2008 en plataforma sincronizada y suma 13 medallas panamericanas desde Santo Domingo 2003.

Pese a su experiencia y a su capacidad de controlar los nervios en el momento clave, confiesa que el temor siempre está ahí. “Todavía da miedito”, dice. “Clavados es un deporte de alto riesgo y ese miedo nunca se va”.

Figuras actuales como Espinosa, Iván García, discípulo del entrenador mexicano Iván Bautista, Rommel Pacheco o Jahir Ocampo, con preseas doradas en los Juegos Panamericanos de Toronto, son herederos de una tradición que comenzó con clavadistas como Antonio Mariscal, que participó en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1932.

Los clavados le han dado a México su mayor número de medallas en Juegos Olímpicos con un total de 13, entre las cuales figuran un oro, una plata y dos bronces del legendario Joaquín Capilla (1928-2010), el máximo medallista del país.

Después vendrían otros como Juan Botella Medina, (bronce en Roma 1960), Álvaro Gaxiola (plata en México 1968), Carlos Girón (plata en Moscú 1980), Jesús Mena (bronce en Seúl 1988) o Fernando Platas, subcampeón olímpico de Sydney 2000.

“Los entrenadores han entendido que su trabajo tiene que ir pasando de generación en generación”, dijo a dpa Platas, de 42 años, actual miembro de la comisión de clavados de la Federación Internacional de Natación y presente en Toronto.

“Desde que yo tengo uso de razón, en clavados siempre han estado Capilla, Girón, Mena. Ya tenían su propio lugar en la historia”, y los entrenadores han tenido la capacidad de “acoplarse a un deporte que en los últimos años ha ido evolucionando mucho”.

Además, considera que ayudan factores como la destreza mental y el biotipo del mexicano, que “no es un atleta con mucho músculo, sino un atleta de músculo rápido, de muy buena reacción, con elasticidad y mucha coordinación”.

Ocampo, que con Pacheco ganó bronce en trampolín sincronizado de los Mundiales de Barcelona 2013 y ahora un oro y una plata en su primeros Panamericanos, cree que la mentalidad de los mexicanos es uno de los secretos.

“En China y en México se trabaja más o menos parecido. El mexicano se especializa mucho en fuerza y técnica y es muy aguerrido. China es más técnica, el mexicano es más apasionado”, dijo a dpa al comparar a México con uno de los países líderes a nivel olímpico en clavados.

En Toronto estuvieron ausentes por lesión dos clavadistas fuertes, como Germán Sánchez y Yahel Castillo, y se empezaron a probar otros como la debutante Dolores Hernández, de 18 años, que ganó un oro y un bronce en sus primeros Panamericanos.

Ocampo, que empezó a entrenar cuando tenía cuatro años y ahora tiene 25, cuenta que cuando era niño admiraba a Platas y que él era su motivación.

“Siempre de chico veía que Jesús Mena ganó medallas, después Platas ganó medallas. Ya te pone en la mira que México es un país ganador y yo me veo así: como el próximo medallista olímpico en trampolín de tres metros”, afirmó. “Ya ha habido una historia muy competitiva y entonces se va generando ese hábito”.

Desde La Quebrada de Acapulco a las piscinas de Juegos Olímpicos o Panamericanos, México ha ido dejando su huella en los clavados. Ocampo dice que algún día él también se lanzará al mar desde el acantilado, aunque no todavía.

“Sí, me quiero ir a aventar, también de los 27 metros de los clavados de altura, pero ya después de que me retire de esto, de lo profesional, para cuidarme”.

Redacción

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