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Impresoras 3D: la tecnología continúa avanzando

EEUU, viernes 12 de junio de 2015 (dap) – La tecnología 3D avanza despacio, pero poco a poco va convirtiéndose en negocio: cada vez hay más empresas que venden impresoras de tres dimensiones, y ya las hay para consumo privado por menos de mil euros. ¿Pero qué se puede hacer además de fabricar pendientes y retratos personales en tres dimensiones?

¿Pronto todo se fabricará en impresoras de este tipo? “No”, explica el experto alemán Philipp Tröster, que señala que mucha gente tiene una idea equivocada acerca de las posibilidades de las impresoras 3D, por ejemplo que funcionan con sencillez. “Existe software libre con el que se pueden hacer muchas cosas, pero pretender hacer un engranaje con una impresora 3D al volver del trabajo cuando uno antes nunca hizo nada parecido es difícil”, explica.

Dirk Lorenz, de la asociación de consumidores Stiftung Warentest, coincide. Por ejemplo, opina que quien intente imprimir la parte posterior rota del control remoto fracasará con mucha probabilidad ya en el primer paso de escaneo.

Pese a ello, otros expertos, como Peter König, de la revista especializada “Make“, o Wolfgang Dorst, de la asociación tecnológica Bitkom, se entusiasman con las posibilidades que ofrecen las impresoras en 3D.

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No se trata de una tecnología nueva, pues este tipo de impresoras existe desde hace 30 años. El boom actual se debe -además de al vencimiento de algunas patentes- sobre todo al cambio en el entorno, dice Dorst. Los servicios en la nube y los aparatos con cada vez mayor capacidad de procesamiento ofrecen la infraestructura necesaria. “Uno puede, por ejemplo, escanear un objeto incluso con el smartphone, cargarlo en la red, hacer los cálculos en un programa en la nube y encargarle a algún servicio especializado la impresión”, señala.

Él, por ejemplo, reprodujo los remos de su bote de goma, que estaban un poco viejos. Peter König reprodujo la articulación de una lámpara de pie. “Para hacerlo utilicé un software gratuito pero hace falta tener capacidad de representarse objetos en el espacio y experiencia, ese es el principàl obstáculo para los principiantes”, señala.

El equipo tiene en ello un papel importante. Las impresoras que se venden para usos privados sirven para hacer un busto personalizado, pero no para otro tipo de estructuras complicadas como articulaciones o tapas a rosca, por ejemplo. Para esos casos hace falta una impresora industrial, que es bastante más cara.

Pese a ello, existen ya impresoras que cuestan unos 700 euros y sirven bien a su función. Los modelos más baratos ya no llevan, por ejemplo, base calefactada, pantalla ni lectores SD y por lo tanto deben funcionar junto con una computadora. Si la base calefactada hace falta o no, depende del material que se use: mientras que el material PLA no la necesita, con el ABS es fundamental, señala König.

Las opciones para elegir entre los materiales han ido creciendo. “Antes sólo se podía escoger entre diferentes colores y ya está”, recuerda König. Pero ahora ya hay variedad de materiales, como por ejemplo tipo nylon, que contienen madera o que brillan en la oscuridad. Unos 750 gramos de hilo de plástico cuestan 25 euros, “y duran mucho”, señala el experto.

Quien no esté interesado en imprimir en casa puede enviar el trabajo a empresas que ofrecen el servicio. Pero ahí hay que tener en cuenta el coste total, y a veces no vale la pena reproducir una pieza que se puede comprar en el mercado por poco dinero. “En cambio, si por esa misma suma consigo hacer funcionar de nuevo mi antiguo tocadiscos, la pago encantado”, señala Tröster sobre la motivación de muchos de sus clientes.

Otro grupo que ha descubierto el mundo de las impresoras 3D son los fabricantes de muebles, que las usan para crear diseños que nadie tiene. O bien para hacer pedidos personalizados de sus clientes. “Aunque no ganen más dinero, es una forma de ganarse la lealtad del cliente”, señala Tröster.

Redacción

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