Lo conoció por error en WhatsApp, y…

En los últimos 10 años, de los que tengo consciencia, la delincuencia juvenil se ha vuelto una de las primeras causas del crecimiento de la población reclusa en América Latina. A pesar de este ser un tema social, ustedes saben que yo le saco el lado práctico y sobre todo ‘el real’. Ninguno de nosotros está exento de llegar a tener un familiar o un allegado que pueda ser parte de dichas estadísticas, y por esto es que les cuento la historia de esta semana, ¿Conmovedora?, eso lo deciden ustedes.

Una de mis amigas más cercanas, Analía, estaba cierto día sentada en su sofá cuando repentinamente suena su celular con una llamada de un número que ella no reconoce, pero ella de igual forma contesta. Es un caballero, una voz joven pero firme, al parecer de unos veinte y tantos, y como es de costumbre, Analía se sigue el “protocolo” de las llamadas equivocadas, y le indica al emisor que está equivocado y le aclara que no es el número de la persona a la que se requiere, y finalmente cuelga la llamada.

¡Ay, WhatsApp!

Pero ahí no quedó la situación, luego llega un mensaje por WhatsApp, sí, esa fabulosa herramienta social (jejejeje), de este mismo número; el emisor se muestra muy interesado en saber con quién habla y mi querida Analía luego de ver la foto de perfil también desarrolló el mismo (o más elevado) interés. Empiezan a hablar, comparten cierta información, y así es como se hacen amigos.

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A dos semanas luego de la peculiar llamada ya Carlos y Analía tienen un horario en el que se llaman o se escriben, se intercambian fotos, se cuentan de las actividades de su día a día a través de WhatsApp, en fin, ya tienen una amistad. Ya pasado un mes, obviamente se van creando lazos más profundos y se comparten sentimientos y ciertos secretos, la confianza se va fortaleciendo y es de esperarse que se conozcan un poco más.

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Lo conoció por error en WhatsApp, y...

Pero hasta este tiempo Analía y Carlos no se conocen personalmente, por lo que surge la astucia de parte de mi bella amiga Ana de mencionar “una peli” que esta en cartelera (Y sí, el truquito para que nos inviten a verla) a lo que Carlos le saca el cuerpo con un “no me gusta el cine” pero Ana no se da por vencida y cambia de táctica, le pregunta que qué hace para divertirse y el comienza a explicarle. A final de todo Ana cayó en la pregunta de dónde vives y Carlos le menciona, de manera muy general, sólo el nombre del pueblo donde vivía actualmente. Se notó cierta omisión de información, perdió firmeza su voz y rápidamente sus oraciones eran intercaladas con muletillas, algo no andaba bien. Ana fue sutil pero certera, y llevó a Carlos a esclarecer esta situación, que quizás, tanto como yo al contarme ella, ustedes también se sorprendan. Más que su residencia, Carlos dejaría saber a Analía su situación social, y sé que  muchos de ustedes ya estarán diciendo que eso no es un motivo a juzgar, pero que sin duda ustedes juzgarán, para bien o para mal, en fin habrá un juicio:

Carlos le confiesa a nuestra a Ana… que el es un convicto y que por lo tanto reside en una cárcel estatal de los Estados Unidos. Ana sorprendida pero no invadida por el prejuicio le pregunta detalles; ya saben, el popular ¿por qué? Acompañado de un “no te preocupes, nada ha cambiado en la amistad”.

Carlos es un convicto, quien hoy a sus 26 años, cumple su noveno año de una condena de 10 años de condena, resultado de los cargos de asesinato en segundo grado, conspiración y tentativa de robo. Carlos se expresa arrepentido y cambiado, se ha visto sometido a evaluaciones socio-penales y a cierto adiestramiento ofrecido a los reos. Hoy, a un año restante del cumplimiento de su pena, Carlos se encuentra en una cárcel de mínima seguridad, ya que se ha convertido en un “reformado social” interno, lo que se resume en un preso de “confianza”.

En cuanto a la relación de Carlos y Analía, siguen hablando, mucho más que antes de que Ana supiera que era un convicto, ya hasta sabe la hora de conteo de la cárcel. Ella alega no haber desarrollado ninguna empatía especial con Carlos, pero de vez en cuando la escucho grabar voice notes con sonidos de besos y te quiero con en voz baja. ¿Será para el  convicto? como cariñosamente le llamo.

Sería fácil juzgar, pero la verdad es que unos son de cal y otros de arena, no puedo inclinarme a ningún lado en este post, pues como ser humano sé que todos fallamos,  pero ¿hasta donde ha de llegar mi compasión, dónde está el limite?

En los momentos que estamos en el suelo es que siempre reconocemos y sabemos quienes son seres humanos, que si Analía se enamora de Carlos, que si carlos sale ¿la buscará?. Muchos sentimientos, muchos pensamientos, pero estamos en la era de los “no prejuicios”. ¿Será que esta trama se convertirá en una anécdota más que contar acerca del cambio, la superación y el amor? o ¿será sólo cuestión de costumbre y de la tan ansiada búsqueda de reintegración y aceptación social?. Opine usted, yo #SoloDigo.

P.S.: Espero sus comentarios ya sea para aconsejar a Analía o para que saludes a Carlos…. #SoloDilo.

Genesis Robles

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