Cómo tratar a los suegros

Miércoles 17 de junio (dpa) – Los suegros: en muchas ocasiones este par de personas -quienes son los padres de tu amada pareja- se caracterizan por ser los “villanos de la película” en el caso especial de los hombres. Pero lo que hay que tener claro siempre es que hay forjar este tipo de relaciones, ya que siempre formarán parte de tu pareja y por ende de tu vida.

“Eliges uno, pero vienen tres”: Los suegros.

La relación con los suegros se puede ver empañada por varias situaciones: en algunos casos por “choques de valores” entre la madre del novio/esposo y la novia/esposa, y además en el miedo irracional que desarrollan éstos ante la posibilidad de perder contacto o quizás cierta cercanía con sus vástagos, pues para nadie es un secreto que para los padres, los hijos nunca crecen.

A menudo los conflictos se sienten en la superficie de cualquier contacto diario, ya por el sólo hecho de que las partes pertenecen a generaciones muy distintas. A eso se suma que la educación de los nietos suele ser un disparador de susceptibilidades.

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Los suegros y estar “entre la espada y la pared”

Analizando un poco más allá, también hay que considerar que se puede presentar el gran conflicto de “no saber a quien darle la razón” y entonces quedar “entre la espada y la pared”. Pero, en muchas ocasiones el problema no está en una falta de opinión sobre sus propios padres, sino en el hecho de que nadie quiere verse ante la elección “o ellos o yo”. Para evitar problemas de pareja lo mejor es adoptar una actitud clara y buscar el modo de expresar, también ante sus padres, lo que uno piensa.

Por otro lado, si la suegra siente necesidad de hablar con su nuera sobre las falencias de su propio hijo, más vale tomar la senda de la precaución. No es bueno andar hablando a espaldas del otro, ya que todos tenemos fallas. Será mejor mantener reserva y en todo caso invitar a la pareja a sumarse a la conversación.

Para llegar a forjar una relación agradable con los suegros, algunos especialistas recomiendan cultivar el contacto y hablar abiertamente sobre las diferencias en la familia. Dejar en claro cuáles son las reglas en lo que respecta a la cercanía y al apoyo puede evitar peleas e incluso la desilusión ante expectativas que no son cumplidas.

Además, lo ideal es echar a un lado los prejuicios, un poco más “open minded” o “de mente abierta”, y mostrar interés por el otro cuando cuenta anécdotas, muestra fotografías o propone salidas.

Hay quienes quieren conquistar el corazón de sus nuevas familias políticas con ramos de flores, múltiples ofrecimientos de ayuda o cumplidos. Todo puede ser bueno, pero lo principal es que sea sincero.

Y quienes se encuentren ante un muro de rechazo o escepticismo: ¡paciencia! Más vale mantener una distancia amable y apostar por el paso del tiempo. Una opción es invitar una o dos veces por año a los suegros a casa, por ejemplo, en ocasión de algún cumpleaños. Romper por completo el contacto no suele ayudar. Más vale hacerse a la idea de que el vínculo no pasará a mayores. De ahí en más, tal vez nazca algo mejor.

Redacción

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