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Tíbet, China y aquí comienza el dilema sin tregua

Tíbet, China y aquí comienza el dilema sin tregua

Tíbet

Tíbet es el espacio habitable más alto del mundo con sus 4,300 metros sobre el nivel del mar, convirtiéndose en un reto poco fácil para cualquiera por el inevitable mal de altura. Está compuesto de grandes espacios planos en medio del Himalaya, lejos de todo, pero, sobre todo, lejos de la pobreza y el subdesarrollo que pudiera haber quedado en nuestras mentes de las películas sobre el particular.

Y es que China no escatima esfuerzos en infraestructura, normas y tecnología, proveyendo un nivel de modernidad poco visto en otros lugares, mientras muchos habitantes de origen siguen deseando mantener las tradiciones y costumbres tibetanas, sin que las acciones del Gobierno Chino les parezcan mínimamente compensatorias.

Sus edificaciones históricas en óptimas condiciones, su infraestructura de carreteras y viviendas de última generación, mientras transitan tibetanos apegados a sus rituales budistas dándole la vuelta a los monasterios y templos como las agujas del reloj, su vestimenta y peinados de antaño, los postrados avanzando por el suelo y recibiendo limosna; termina siendo un contraste total y absoluto para cualquier visitante.

Luego de unas cuantas horas, corroboramos que estábamos con chinos y en China, comenzando por las dificultades para encontrar alguien que manejara el idioma inglés, millones de banderas chinas colocadas por doquier, letreros en chino y tibetano, comedores informales por todas partes, tienditas de chucherías, etc. Etc.

Debido a la resistencia del habitante de origen, China ha establecido normas estrictas de contacto vía cualquier medio de comunicación (internet, Telecable, periódico local), para evitar  el surgimiento de cualquier revuelta o movimiento independentista. Para entrar a las áreas históricas o parques simbólicos, se debe pasar por un control de seguridad y los extranjeros presentar visa y pasaporte. Transitar en Tíbet sin un guía autorizado no está permitido. Entrar con fotografías o textos que bien hablen del Dalai Lama ubicado en India, también se encuentra censurado.

En conclusión, ninguna de las partes parecería estar relajado en este momento, siendo una verdadera pena que no hayan logrado un acuerdo amistoso donde puedan convivir en absoluta armonía y tranquilidad para mayor provecho de ambas partes, donde la cultura tibetana pueda combinarse con la grandeza y eficiencia china.

Pero dejando a un lado por un momento el dilema chino – tibetano, disfrutamos mucho transitar por unos paisajes áridos infinitos e interceptados por grandes ríos de aguas puras que vienen de un inicio del globo terráqueo, responsables de hidratar a 2,200 millones de personas del Oriente. Entre unos kilómetros y otros, hacíamos recesos en los hermosos monasterios budistas que se encuentran en la cima de montañas, visitando a todos los budas, gurús y Dalai lama de la historia budista que acompaña al Tíbet, y pretendiendo entender alguito de esta gran religión reconocida mundialmente por la más pacífica de todas.

Adicionalmente, pudimos ver cómo viven los monjes y monjas dedicados en cuerpo y alma a la meditación continua y realización de mándalas, gracias a la peregrinación y donativos de los más devotos; pudimos ver de primera mano cómo se alimentan con base primaria en el té de mantequilla de Yak, y cómo disputan la filosofía budista en sus debates públicos.

De estas visitas, no podría dejar de destacar la majestuosa belleza especial del Monasterio Potala en el centro de la ciudad de Lhasa, que a pesar de los años de construido que tiene, impone respeto y paz durante toda la visita, maravillando con sus buenas condiciones y la luz que emana tanto en las vistas por fuera, como en sus tronos y tumbas que tiene por dentro. Extraordinario ícono de ciudad.

Tíbet no es un viaje gastronómico, ni mucho menos enológico, tampoco deportivo. Es un destino que asegura una inmersión en los orígenes del budismo, sin necesariamente mostrar en la práctica los valores de compasión, apreciación del presente y la felicidad que desde lejos se pueden relacionar al Dalai Lama. Visitar Tíbet es exponerse a una situación política cultural bastante particular y especial en el mundo que seguramente se resolverá muy pronto, y entonces la filosofía budista podrá efectivamente ser un ejemplo irrefutable de comportamiento humano para la humanidad de este siglo.

“No te estanques en el pasado, no sueñes con el futuro, concentra la mente en el momento presente” El Buda

 

 

 

 

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