Una estatua de Mandela invita a la unión

Nelson Mandela, ya es sabido, murió el 5 de diciembre y fue sepultado ayer en su pueblo natal. Sin embargo, es consenso entre todos, tanto en Sudáfrica como en el resto del mundo, que su influencia lo sucederá eternamente en los libros de historia y en el legado de la nación que transformó, siendo ejemplo de tolerancia y perdón para todas las razas.

Como testimonio de su espíritu conciliador y a manera de permanente recordatorio de lo que bajo su liderazgo Sudáfrica logró, hoy se develizó una inmensa estatua de bronce, de nueve metros de altura, que refleja a un Nelson Mandela afable, sonriente y acogedor, con sus brazos ampliamente abiertos y dispuestos a recibir a todos los seres humanos. Hoy también se celebra en Sudáfrica el día de la Reconciliación, por lo que a 11 días del fallecimiento del líder negro que abrazó y perdonó a los blancos que lo encarcelaron por 27 años, Mandela vuelve a perdonar, a acercar y unir a toda la nación y al mundo.

La figura de bronce, con un peso de 4.5 toneladas, se convirtió en la escultura más grande que se haya dedicado al gigante de la lucha contra el apartheid en todo el mundo. Jacob Zuma, presidente del país africano, resaltó que la figura de la imagen de Mandela “denota que Sudáfrica ahora es un país democrático, abraza a toda la nación, y nos invita a unirnos”, y destacó que es una estatua diferente, pues en muchas otras se presenta a Mandela con el puño en alto.

La imagen de Mandela está colocada en la explanada del Union Buildings, la sede del gobierno sudafricano. Su develización estaba prevista desde hacía tiempo para hacerse el 16 de diciembre, fecha en que se celebra la caída del régimen racista del apartheid en 1994. Se conoce la efeméride como “Día de la Reconciliación”. Quiso el destino que su develización ocurriera apenas un día luego del sepelio final del líder en Qunu, su pueblo natal.

Las portadas de la prensa estaban totalmente dedicadas a la sepultura del primer presidente negro del país: “Adiós a un rey. Descanse en paz”, “Por fin en su hogar”, o “El último viaje” eran algunos de los titulares dedicados a la despedida de Mandela. Esta inauguración “marca el inicio de un nuevo periodo, dedicado a dar vida a la herencia de Madiba”, dijo Mac Maharaj, portavoz de la presidencia.

“Comulgar con la población”

Los combates que Mandela libró durante su vida fueron múltiples, desde la lucha por la libertad, la igualdad y la paz, hasta el perdón y contra las injusticias sociales y económicas.

Pero 20 años después de la llegada de la democracia multirracial, sigue habiendo desigualdad y pobreza, lo que alimenta la incomprensión entre los negros -mucho más pobres a pesar de la emergencia de una clase media y opulenta-, y los blancos -que siguen poseyendo el poder económico.

Durante el funeral del domingo, el presidente Zuma prometió continuar con los esfuerzos para que “Sudáfrica siga creciendo”.

En la inauguración de este lunes estaban presentes cientos de mandatarios y anónimos, negros y blancos, como Erna Laubscher, una afrikaner descendiente de colonos blancos que acudió con su hermana para “comulgar con el resto de la población y festejar la libertad con ellos”.

También había representantes de la familia de Barry Hertzog, fundador del partido que instauró el apartheid y cuya estatua fue sustituida por la de Mandela, fallecido el 5 de diciembre a los 95 años.

Los recién casados Sizakele y Thebiso Dlamini acudieron para ser testigos de un momento histórico: “Queremos poder decir a nuestros hijos que estábamos en la presentación de la estatua”, contó la joven esposa, que explicó que también era una manera de compensar que, tras largas horas de espera, no había podido entrar en la capilla ardiente de Mandela la semana pasada, que visitaron 100.000 personas.

Darío Martínez Batlle

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