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Las loterías están diseñadas para empobrecer a los más pobres

Las loterías están diseñadas para empobrecer a los más pobres

En casi todos los países hay al menos un juego de lotería y regularmente cuando alguien se gana el premio mayor, los periódicos lo reseñan con titulares llamativos que abren los ojos a quienes sueñan con un golpe de suerte (que, incidentalmente, es la inmensa mayoría de la población).

Recientemente en los Estados Unidos dos personas resultaron ganadoras de la segunda más jugosa lotería Mega Millions hasta la fecha, con 648 millones de dólares, suma que se dividirá en partes iguales cuando el segundo afortunado se de a conocer (esa persona aún no ha reclamado el premio, mientras que la primera ganadora es una mujer de Atlanta).

“Es normal que las personas no salgan de inmediato a reclamar el premio” dijo un ejecutivo de Mega Millions. “A veces quieren consultar con abogados o con analistas financieros sobre qué es lo más conveniente”.

Lo interesante de esta recién finalizada lotería es que atrajo más jugadores que nunca, incluyendo más que la lotería que lleva el record de premio, entregada por Mega Millions en marzo de 2012 con 652 millones de dólares. Los ganadores de esta semana probablemente no lo saben, pero son mucho más dichosos de lo que sospechan.

La mayoría de las personas que juega lotería sabe bien que la oportunidad de ganar el premio gordo es mínima. De hecho, muchos ni siquiera pueden justificar lo que gastan en sus juegos de lotería aunque de todas maneras lo hacen, perdiendo consistentemente cada vez.

Con todo, esa sensación opresiva de que “hay que estar en el globo” los lleva continuamente a jugar. Ni siquiera porque recientemente la Mega Millions hizo aún más remotas las posibilidades de resultar ganador ha disminuido la cantidad de jugadores o los montos apostados. Para la Mega Millions del martes pasado, se registraron inmensas filas de personas voluntariamente pagando miles de dólares por un papelito que les diera la tenue esperanza de vivir un milagro, a pesar de que ahora es mucho más difícil conseguirlo.

Lo que no se dice de las loterías

Un aspecto muy poco mencionado de las loterías y los juegos de azar en todo el mundo es el abismal sesgo demográfico que existe entre quienes juegan “religiosamente” y quienes no lo hacen. La mayoría de personas que va a las tiendas a comprar un trocito de esperanza son personas en el límite de la pobreza, muchos dentro de la extrema pobreza.

Estas personas, que no cuentan con dinero suficiente para dar alimentación, techo y abrigo, que no pueden asegurar educación o salud de calidad a sus hijos, son los que más vemos frente a las máquinas de cualquier lotería gastando pequeñas sumas de dinero que nunca volverán a ver.

El ser humano no se caracteriza por saber manejar los conceptos de probabilidad y riesgo. Tendemos a pensar que eventos extraordinarios (como ganarse la lotería) ocurren con mucho más frecuencia de lo que en realidad suceden. Y en el caso de la Mega Millions, ahora será más complicado que antes.

Esta lotería, una de las más populares del mundo, ya era bastante difícil de ganar, con una probabilidad en 176 millones. Antes se podían seleccionar seis números entre el 1 y el 56, pero desde hace un tiempo el rango se amplió hasta el 75. De esta manera, la probabilidad de resultar ganador ahora es mucho más remota, una en 259 millones.

En términos porcentuales, la Mega Millions pasó de 0.000000006% de probabilidad a solamente 0.000000004%. Y con todo y ello, más personas jugaron la Mega Millions del martes que en ningún otro sorteo de su tipo.

Estos cambios están fríamente calculados para que los montos de los premios continúen incrementándose hasta alcanzar cifras espeluznantes de más de 1000 millones de dólares. Y la gente, especialmente la gente pobre, llenará sus ojos con la astronómica cifra y apostará una cantidad importante de dinero que pudo utilizar para otras cosas, solo con el propósito de “estar en la tómbola”.

En el estado de Massachusetts se estima que el monto per cápita gastado en juegos de lotería ronda los 800 dólares anuales. Es decir, cada uno de los residentes del estado de Massachusetts se desprende en promedio de 800 dólares para apostar en loterías. Aunque es cierto que una tajada de los millones que se sortean va a parar al Estado y otra tajada a obras de bien social, la realidad es que las loterías se quedan con la mayor parte cuando no hay ganadores, y solo cuando alguien atina a los números, hay que dividir el botín.

Las loterías como forma de entretenimiento

Los defensores de las loterías dicen que la gente sólo la juega como una forma barata de entretenimiento, pero la realidad es que lo que menos tiene un sorteo de lotería es entretención. Por el contrario, es un juego lleno de aspectos lúgubres.

Si se compara el gasto en juegos de lotería, se notará que nunca se ve afectado por el incremento o la disminución de otros entretenimientos, como el cine o los deportes. Por el contrario, sí se ha comprobado la correlación existente entre el aumento de los niveles de pobreza y desempleo, y el aumento en los juegos de lotería. De entretenida, la lotería no tiene nada.

¿Cuándo fue la última vez que usted vio a un millonario jugando lotería? ¿O a un empresario importante? Las loterías, sencillamente, son una “inversión dañina”.

Darío Martínez Batlle